Aunque según la legislación europea el límite máximo de decibelios para una vivienda está fijado en 65, el ruido de las principales ciudades hace que se supere con creces en muchas franjas horarias. Ese ruido llega tanto del exterior como del interior.
Los externos proceden más que nada de los coches, trenes, aviones y construcciones que conviven en el día a día de las ciudades. Los internos, por su parte, provienen de los extractores de humo de los garajes, de las maquinarias de las viviendas (ascensores por ejemplo), de los aires acondicionados y de las calderas y bombas de agua. Además, no hay que olvidar el ruido de aparatos como la televisión o la radio.
Antes de insonorizar una vivienda, es importante diferenciar entre aislamiento acústico y adecuación acústica:
Aislamiento acústico
Son las obras que hay que hacer para minimizar los ruidos que proceden del exterior.
Adecuación acústica
Es lo que hay que hacer para que el ruido generado en una vivienda no se transmita al exterior.
Hay infinidad de materiales aislantes en el mercado. Los mejores son el cemento, los ladrillos y el plomo, aunque su instalación requiere obra. Los aglomerados de madera, el corcho y las fibras minerales son más fáciles de instalar, aunque no son tan buenos aislantes.
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